Y ahora que
no estás conmigo venís a reclamar que con otro miro la luna y pierdo la razón
bajo su brillo, que las incontables estrellas ya contigo no cuento y el sol que
dilataba tus pupilas ya no lo logra. Te has vuelto vulnerable a la luz. Ya no
te quema. El viento no te sopla ni ruboriza tus mejillas. El sonido de las
bicicletas se hace eterno y te diste cuenta que nunca cambiaste el
amortiguador. Tenés miedo de crecer en soledad. Sin una ninfa a tus pies.
Despertar cada mañana sin el sonido agudo de mi voz sigue sorprendiéndote. No
escucharla hace semanas te sorprende aún más. Querés que sea libre, pero ¿cómo
ser libre cuando al mirar mis pies todavía veo tu nombre tallado? Queriendo
alcanzarme y estar un paso más adelante. Un paso más adelante en mis pensamientos
para cambiarlos y distorsionarlos. Querer volver a tallar tu nombre
directamente en mi corazón, pero esta vez con una lima y no sobre telgopor.
Sentís el frío por las noches, y tenés aún más miedo de sentirlo en verano.
Estás dolido; yo sigo siendo de algodón. El corazón que tenía el tamaño de tu
puño está casi tan grande como Plutón. Salirse de tu garganta es lo que quiere,
conseguir una nueva identidad, una nueva casa, un nuevo correo postal… Tus
grandes ojos se abren como yo en un día como hoy. Buscan otros en los cuales
reflejarse y como si fuese poco también quieren adueñarse. Buscás la vía láctea
en las góndolas del supermercado; sin éxito. Ni las más grandes constelaciones
volverán a oír tu llanto de mariposa. No hay perdón ni de cualesquiera que sea
su nombre. Renacer como el ave fénix, tu ideal.
